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miércoles, 12 de marzo de 2008

Darse alegría


En general, no somos muy alegres. Es posible que tengamos buen humor, que nos encontremos permanentemente enfadados, incluso que irrumpan en nuestra vida cotidiana euforias, más o menos caprichosas, inducidas o justificadas. Pero la alegría es algo otro. Desvirtuada, maltratada, suele presentarse como un simple estado de ánimo o la epidermis que todo lo puede.
Así considerada, se desvanece como una espuma. No siempre los alegres suelen ser bulliciosos. Y no nos referimos a una suerte de estado o calma interior. Es más, la alegría es insurrecta, desconcertante, contagiosa. No en todo caso imperturbable. Nos viene, nos llega, se ofrece, se va. No puede ni debe retenerse, sino darse. No es nada sustantiva y, sin embargo, es. Más parece verbal, tanto porque se comporta como la palabra, cuanto porque es siempre acción. Es como el decir.
La alegría es un modo de ser, un modo de hacer. Contento, por el contrario, es un modo de estar. Podemos estar contentos. Resulta magnífico que el contenido coincida con su forma y que la plenitud sea fruto de semejante equilibrio. Es hermoso estar contentos y no siempre frecuente. La alegría, por su parte, es algo más vivo. Ni siquiera lo más equilibrado ha de ser necesariamente lo más armónico. Y de armonía se trata. No basta entonces un juego de compensaciones, ni de pesas y medidas. Más tiene que ver con las notas y los sonidos, con hacer que la propia vida resuene melódica y musicalmente. Ciertamente hay muchas modalidades y posibilidades de existencia y no siempre vivimos lírica ni poéticamente, pero quien sea alegre se halla activo, dispuesto, porque la alegría implica encontrarse pleno, de ardor, de entusiasmo, porque se es animoso y gozoso. No ser alguien desgarrado o destrozado, sino, incluso en tal caso, vivo, es decir armonioso, capaz de encajar y acordar en justa proporción, ser ajustado y justo nos hace alegres. Esta vinculación de la alegría con el gozo de la vida armoniosa, acorde, constituye la clave de la agilidad y ligereza del vivir, frente a la pesadez de la entronización de quienes nunca están dispuestos. No es fácil ni probable la alegría. Aprender alegría es ajustar y armonizar la existencia, ser vivo y convivirla con otros. Podemos quizás cultivarla cotidianamente y frecuentar a quienes son capaces de procurarla.Dar alegría es reconocer que nuestra armonía podría desvanecerse sin la presencia y la palabra del otro, de la otra, que nos da vida. Una alegría no lo es tanto si no hay con quien alegrarse. Por eso nos acompañamos de cuantos nos procuran lo mejor de nosotros mismos y nos ofrecen algo que quizá ha de brotar y sólo con él, con ella, emerge. Nos permiten saborear lo que la vida nos ofrece, nos dan alegría, tal vez la que no es propiedad de nadie, la que sólo destella cuando nos encontramos junto con ellos.



Ángel Gabilondo


jueves, 28 de febrero de 2008

El buscador


Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador...Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar.El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:
Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:
Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas
El buscador se sintió terriblemente conmocionado.Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.Una por una, empezó a leer las lápidas.Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años...Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?El anciano sonrió y dijo:- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...:“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:
A la izquierda, qué fue lo disfrutado.A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media...?Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso...¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo...?¿Y la boda de los amigos?¿Y el viaje más deseado?¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?¿Horas? ¿Días?
Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos... Cada momento.
Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido".




Cuentos para pensar, Jorge Bucay


domingo, 6 de enero de 2008

El decálogo de la amabilidad

  • Reconoce los derechos y méritos de los demás
  • Trata a los demás con el respeto y cariño con el que te gustaría que te tratasen
  • Sé complaciente cuando te pidan un favor o tu ayuda
  • Intenta ver lo mejor de cada persona. Te sorprenderá
  • No reprimas tus mejores sentimientos. Trata a los demás con naturalidad y afecto
  • Acostúmbrate a sonreir y muéstrate optimista
  • Si todos tratamos de dar lo mejor, seremos más felices
  • Observa si al ser amable, te sientes a gusto contigo
  • Comprueba cuántas horas estás de buen humor. Si son muchas, el mundo es más amable
  • Utiliza las palabras perdón y gracias, hacen más agradable la relación con los demás

FUENTE: Psychologies

lunes, 31 de diciembre de 2007

Wear Sunscreen

Cómo última entrada del 2oo7 (año de creación de este nuestro blog) y con el fin de desearos feliz año entrante en el que espero que si no se cumplen todos vuestros deseos, al menos esteis muy cerca, os pongo un video que yo no me canso de ver, y que en cierta medida me suele poner más alegre, no se si tanto por el contenido, que es la ostia, si no por quién me lo proporcionó. Un beso y esta entrada es tuya :) F e l i z 2 o o 8 a todos ^^


Este poema fue escrito por Mary Schimch el 1 de Junio de 1997. Es un ensayo en el cual plantea lo que ella diría si le piden dar un mensaje a la juventud. La agencia de publicidad brasileña DM9DDB convirtió la canción en este videoclip.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Las lentejas





Una vez una persona encantadora me regaló un libro de un tal Jorge Bucay, de esto hace ya varios años, este antiguo vendedor ambulante de calcetines y actualmente "ayudador profesional" escribe cuentos que nos ayudan a ver lo que hay fuera de nosotros, a ver las cosas de un modo diferente, y ese modo a mi personalmente me gusta :)


Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa cualquiera.No había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas. Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad.Pasó un ministro del emperador, y le dijo: "¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco más al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas".Diógenes dejó de comer, levantó la vista, y mirando al acaudalado interlocutor intensamente, contestó: "Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador".



Jorge Bucay